sábado, 2 de junio de 2012

Por fin, después de toda una vida esperando una oportunidad, una Editorial ha publicado mis libros.
Ya están a la venta en:
http://www.amazon.es/s/ref=nb_sb_ss_c_1_6?__mk_es_ES=%C5M%C5Z%D5%D1&url=search-alias%3Dstripbooks&field-keywords=dos+reinas+para+un+trono&sprefix=dos+re%2Caps%2C150

A mis adorados hijos, gracias por vuestro apoyo incondicional siempre, por vuestro amor y vuestra paciencia, y gracias también  a los que os habéis alegrado por mi, porque se que ha sido de corazón.
A aquellos que parece que os he ofendido al lograr un sueño, que sepáis que vuestra actitud tan solo ha logrado que me crezca mas y que desee seguir escribiendo con mas fuerza que nunca :)
Gracias Dr. Oxel por no ser un tiburón editorial, y por humanizar su empresa.

martes, 26 de julio de 2011

La libertad de una dictadura

Vivimos en una sociedad que nos asfixia, que está llevando a los seres humanos a sacar lo peor de cada uno. Somos como un enorme monstruo que nos devoramos a nosotros mismos con impaciencia y sin piedad.
Buscamos nuestra propia satisfacción en nuestros actos y nos hacemos vulnerables ante cualquier suceso que nos llegue de improviso.
Un claro ejemplo de nuestra actitud pasiva y egoista es la situación política actual en nuestro país. Votamos a un partido político que nos ofrezca un cambio, únicamente eso, un cambio, nada mas. Somos una masa que se mueve como las aguas, sin control alguno, somos un pais que no piensa, que no trata de tener una identidad propia, que no busca una renovacion real, que no espera grandes cambios, tan solo espera que un grupo de políticos ineptos nos saque las castañas del fuego.


No podemos quedarnos en una posicion tan inmóvil que resulta cómica ante los ojos de cualquier otro país, no podemos seguir siendo el bufón de la economía mundial, no podemos permitir que el mundo nos considere únicamente como futboleros, o que se marquen tan solo las victorias deportivas, con rotulador rojo, como si no tuvieramos nada mas que ofrecer.
Vale que tenemos políticos corruptos e ineptos, un generación de Chonis y Pokeros, desempleados, jubilados descontentos, funcionarios cansados de no hacer nada, deportistas pasivos que practican el "sofaining" y mucha, mucha gente cabreada. Ciertamente esa es la imagen que ahora ofrecemos al exterior, aparte de los manguis, los toreros y las bailaoras, claro está, pero ¿somos solo esto?.
Yo creo que, desafortunadamente, así es, en la gran mayoría, pero queda un resto con sangre revolucionaria, que viven en el presente y salen a la calle a gritar, a suplicar un poco de ayuda, un poco de dignidad.
Entonces salimos en la prensa mundial, ¡España está viva!, los jóvenes se rebelan y parece que, por fin, hay algo de luz en nuestro futuro.
Pero no sucede nada. Se utiliza la imagen de los indignados como noticiero nacional. Se informa de sus movimientos y movilizaciones. Se aplaude su actitud, y no pasa nada.
Esta gente que salió a la calle un día, por que sí, ahora no tienen nada. ¿Que quieren? ¿Que han conseguido? ¿Qué pretenden conseguir, y cual es su objetivo?
Yo quiero saberlo, porque hoy no veo nada de claridad en nuestro futuro.
Los políticos se están riendo de nosotros, y seguimos tragando.
Yo solo pido que si nos movilizamos, sea real. Que luchemos por nuestra libertad, que ya estamos hartos de vivir en una dictadura oculta tras el nombre de democracia. Están limitando nuestras libertades, nos están oprimiendo, nos dejan sin trabajo, han conseguido frustrar a los jóvenes, y aplastar las iniciativas de aquellos que tan solo queremos sobrevivir.
¿Hasta donde vamos a llegar? ¿Hasta cuando podremos aguantar?

martes, 6 de noviembre de 2007

¿ESTAS HART@ DE SER UNA VICTIMA DE LA SOCIEDAD?

Hoy he decidido que las personas que me rodean y que tienden a abusar de mi buena voluntad acaban de ser declaradas en guerra por mi persona.
Me he cansado de que, la buena señora que va comprar, y solo lleva 5 ó 6 productos, me diga "¿Me dejas pasar?. Solo llevo ésto y tengo prisa". Yo, con cara de imbécil, la dejo delante de mí, cuando, habitualmente en mi cesta no hay muchos mas artículos de los que lleva ella. Para colmo, yo sí que tengo prisa y a ella, al salir, se la puede ver cotorreando con otras señoras tranquila y despreocupadamente.
Me prometo a mí misma que ésto no volverá a suceder, pero puedo garantizar y garantizo que estos sucesos sí son realmente sobrenaturales. Que me explique alguien como es posible que, pese a mis precauciones, mis ágiles movimientos para que no me franqueen por los laterales y se me cuelen, mi habilidad recién adquirida de responder a gran velocidad cuando preguntan ¿quien es el siguiente?, pese a todo, se me sigan colando esas personas de edad media alta, con cara de no haber roto un plato en su vida y con una destreza extraordinaria para franquear cualquier obstáculo que les impida colarse.
Por favor señor@s un poco de respeto por los pobres mortales que aún no hemos desarrollado sus capacidades extrasensoriales para abusar y aprovecharse de las pobres víctimas que confían en la honestidad y educación de sus semejantes.
Y tí bruja, que siempre te cuelas en la carnicería, te recuerdo que la última vez mi amigo Miguel le dió un capón a una de tus semejantes, no tan fuerte como para hacerle daño, pero si lo suficiente como para que pegara un buen bote y todo el mundo se riera de ella; yo un capón no te daré, pero te prometo un buen pisotón.

domingo, 14 de octubre de 2007

¿UN DESTINO INCIERTO?
Hace ya mucho tiempo, caminaba un día por un hermoso parque, inmersa en mis pensamientos y ajena a lo que me rodeaba.
Generalmente me gustaba disfrutar de la sencillez de los niños jugando. Una agradable sensación de bienestar me llenaba cuando escuchaba el sonido de sus risas. Sus voces bailaban con el aire en una divertida danza con el sol y llenaban de vida hasta el más sombrío de los rincones.
Cuando somos pequeños nos sentimos libres para tumbarnos en la hierba, para jugar, para reír, para llorar, para vivir.
Cuando crecemos nos ponemos frente a los ojos un espejo oscuro que nos refleja y nos hace avergonzarnos de nuestros actos. Nosotros mismos nos condicionamos y dejamos de avanzar. Nos convertimos en adulto y hacemos de nuestra vida un cúmulo de apariencias.
Yo me encontraba en ese punto. Acababa de mirarme en el espejo y no pude ver otra cosa que la propia oscuridad. Mi reflejo era mi vida.
Caminé y caminé hasta que sentí la negrura de la noche que me abrazaba y me cobijaba para lo que deseaba hacer.
Mis pasos se dirigían hacia el río. Me estaba llamando a gritos. Me decía “ven a mí. ¡Salta!. Tu vida ya no tiene sentido. Yo te llevaré a la paz eterna. Deja que tus lágrimas se mezclen con mis aguas y juntos acabaremos con tu sufrimiento”.
Podía sentir en mi interior su llamada con tanta fuerza como puede sentirla alguien que desea acabar con su vida y que acaba de encontrar la solución.
El agua no me hablaba. Mi reflejo oscuro me empujaba hasta el fondo. Mi corazón estaba tan dormido que no podría reaccionar.
No he llegado por casualidad a este lugar. Algo me decía que mi propio fin estaba cerca y prefería escuchar las brumas de mi alma antes que despertar a mi corazón herido.
Tan solo unos meses atrás yo era la mujer más feliz del mundo. Profesionalmente era una mujer triunfadora. Socialmente tenía mi círculo de amigos entre los que me sentía segura y querida. En cuanto al amor, lo tuve todo.
Conocí a un hombre maravilloso. Era sencillamente encantador. Tierno, atento y muy inteligente. Juntos nos divertíamos mucho y éramos capaces de convertir cualquier momento en algo especial.
Al poco tiempo decidimos casarnos y formar una familia. A ambos nos encantaban los niños y económicamente no había nada que nos lo impidiera.
Entonces, ante tanta felicidad, decidí consultar a una adivina del Tarot para que me aconsejara. Me hizo sentar en una mesa redonda. Había una enorme bola y una baraja de cartas sobre la misma. Ella se sentó frente a mí. Comenzó la lectura y adivinó todo mi pasado de inmediato. El presente también lo tuvo fácil. Me habló de mi marido, de lo felices que éramos y seríamos juntos y de lo afortunados que éramos, teniéndonos el uno al otro. Me dijo que nuestra unión sería para siempre.
Salí eufórica de aquella casa. Me había dicho todo lo que yo deseaba oír.
Desde ese día, cada vez que tenía que tomar una decisión importante, consultaba a la adivina. Siempre me aconsejaba bien. Supongo que me acomodé y dejé que ella tomara las riendas de mi vida sin apenas darme cuenta.
No era una mala mujer, tampoco creo que fuera una farsante. Tan solo me ofrecía lo que yo la pedía. Nada más.
Una mañana me desperté y comprobé que mi marido no había venido a dormir a casa. Por mi cabeza pasaron todos los malos pensamientos que pueden llegarle a alguien en mi situación. Cuando él llegó no le di tiempo para explicarse. Le acusé y le grité. No le permití que me hablara. Ni si quiera le escuché.
Esa mañana fue la primera. Después vino otra y otra y otra, hasta que ya no pude más. La adivina me decía que él no me estaba engañando, pero que tendría que ser yo misma la que averiguara la razón de sus ausencias. Ni si quiera ella me quiso ayudar. Me aislé del mundo, porque las dos personas en las que más había confiado se habían apartado de mí. O al menos es lo que yo pensaba.
Aún recuerdo el instante en el que él se acercó a mí y me dijo que se marchaba, para siempre. También me dijo que me quería. Me quería como no había amado antes a ninguna otra mujer, pero no podía seguir conmigo.
Me dijo que jamás en su vida se había sentido tan solo como cuando estuvo a mi lado. No le presté atención a sus reacciones, a sus sentimientos, a sus gestos, a sus ojos, a nada. Sólo me preocupé de mí y de mi “supuesto futuro asegurado junto a él”.
Sus ausencias se debían a que su padre estuvo muy enfermo. Le llamaron cuando volvía a casa de trabajar y sin pensar en otra cosa sólo deseó estar a su lado. Cuando volvió a mi lado no le di ni si quiera la oportunidad de contarme lo sucedido, solo me importaba lo que yo sentía.
Transcurrían los días y su padre no mejoraba. Compartía con su madre y sus hermanos las noches en vela, cuidándole. Su padre acababa de morir y él estuvo solo en su despedida. No quiso compartir conmigo su dolor, porque no era cuestión de un momento. Fueron muchos los instantes de su soledad y cuando estaba conmigo la lejanía entre ambos era mucho más profunda cada vez.
Con estos pensamientos subí al puente para despedirme de la vida. No cuidé lo que tenía. No mimé lo que ésta me ofreció y fui un ser egoísta e incapaz de ver toda la claridad que tenía frente a mí.
Me apoyé con los brazos para elevar la pierna sobre la barandilla y en ese instante oí que alguien detrás de mía decía “hola”.
Me giré y pude ver a un niño de unos once años que me miraba fijamente, con curiosidad. No sabía que hacer. Decidí apartarme un poco de allí, disimuladamente, hasta que el chico se marchara. Pero continuaba allí, y hablaba conmigo:
- ¿Qué haces subida en el puente?. Mi mamá dice que es peligroso.
- ¿Yo?, .........Nada
- ¿Vas a saltar?
- Creo que sí. –Le contesté totalmente asombrada-
- Mi mamá dice que hay que tener mucho valor para saltar por un puente. Si lo hacemos no sabremos jamás lo que habría ocurrido hubiéramos dado un paso hacia atrás. También dice que no sabemos lo que podemos encontrar en el fondo del río. Claro que eso son cosas de mayores y yo no lo entiendo muy bien.
- Dile a tu mamá que cuando todo acaba, no importa lo que dejas detrás y tampoco importa lo que hay delante. Además, déjame, quiero estar sola.
- Pero yo quiero ver como te lanzas. Mi mamá dice que hay muchas maneras de acabar con la vida de las personas y que debo aprender de los errores ajenos, para que no me ocurra a mí. Mi mamá dice que los adultos son bobos, porque se le da demasiada importancia a las cosas que no la tienen. Mi mamá dice que la vida no se acaba en un día, ni se puede formar en un día. Dice que tenemos que luchar cada instante para que lo bueno se quede y alejemos aquello que nos hace daño. Nada dura eternamente. Mi mamá dice que la vida es muy hermosa. Que es como la sonrisa de un niño. Solo tenemos que conseguir que el eco de esta alegría se mantenga en nuestro corazón y el resto llega solo y a su tiempo. Mi mamá una vez también quiso saltar hacia el río, pero pensó que a lo mejor merecía la pena intentarlo de nuevo, arriesgarse y seguir viviendo, por si la vida le tenía preparada alguna sorpresa.
- ¿Y tu mamá te deja estar solo aquí a estas horas?
- Solo hoy. Pero ya no me dejará hacer tonterías como esta nunca más. Sabes, mi mamá dice que hay que luchar en la vida por todo y sacar lo mejor de cada instante. También dice que el valor que una persona necesita para acabar con su vida, lo podría aprovechar para tratar de empezarla de nuevo. Mi mamá siempre dice que me quiere muchísimo. Que soy el amor de su vida. Gracias a mí esta viva y vive. Yo no lo entiendo muy bien, pero algún día me lo explicará. Tengo que irme. Mi mamá dice que debo escuchar a los demás y contarles lo bueno que sé, pero también dice que debo obedecerla. Adiós.
Diciendo esto se dio la vuelta y comenzó a caminar. De repente se dio la vuelta y mirándome fijamente a los ojos me dijo: “mi mamá dice que debemos escuchar las señales que nos llegan desde el cielo, y debemos aprender a interpretarlas para ser más sabios y buenos, por nosotros mismos.”
Pegué un salto alejándome de la barandilla del puente y salí corriendo detrás del niño. Había desaparecido, de repente, como apareció. El niño me había dicho mis propios pensamientos tan solo unos meses atrás. Decidí marcharme a casa, prepararme una buena cena y comenzar una nueva vida.
Hoy cumple mi hijo once años. Y nos hemos acercado juntos al puente al que estuve a punto de arrojar mi vida. Yo estaba ya embarazada ese día. Mi pequeño estaba en camino y deseaba con tal fuerza llegar que se adelantó unos cuantos años.
Casi le arrebato la vida antes de que pudiera llegar. No sé lo que sucedió aquella noche. Lo único que tengo muy claro es que mi pequeño me salvó, nos salvó a los dos. No solo lo hizo en ese instante. Cada minuto de su vida me da vida. Me absorbe, me llena, me preocupa, me enfada, me hace reír, me hace llorar. Me hace sentir. Él me dio una nueva razón para seguir adelante y cuando descubrí que estaba embarazada, lloré y lloré tanto que era imposible calmarme. Las lágrimas fueron de terror por lo que estuve a punto de hacer. Después, de miedo, por que estaría sola para cuidar a mi bebé. Las siguientes fueron tan solo un desahogo para dar la bienvenida a las de alegría. Yo no caí al puente, pero mi egoísmo fue arrastrado por las aguas hasta desaparecer para siempre.
A.C. Marser

lunes, 8 de octubre de 2007

LA SOLEDAD

La soledad es una palabra que me produce terror. Es algo a lo que temo desde siempre, porque no deseo envejecer sola. Ahora me planteo si el camino que he tomado a lo largo de mi vida no me estará llevando a este final.
Siempre he vivido marcando mi propio ritmo, nunca he deseado una pareja estable, y el máximo tiempo que he permanecido con alguien ha sido 9 años. No podía soportar la idea de compartir mi vida con alguien para siempre, pues me parecía aburrido y no presentaba aliciente alguno para mí. Ahora, en cambio, con el paso de los años, siento que ha llegado el momento de "sentar la cabeza".
Es fácil decirlo, pero se me plantea un problema de inmensas proporciones, ahora no sólo me he vuelto mas exigente, sino que me he acostumbrado a vivir sin compartir con una pareja todo lo bueno y lo malo que una relación conlleva.
Para colmo, aparece en mi vida la persona con la que he soñado siempre, me enamoro y descubro que mi fama me precede.
Soy una persona alocada, luchadora, independiente y que tiene fobia a los compromisos. ¿Quien se atreve ahora a intentar comenzar una relación conmigo?. Solo aquellos que quieren divertirse como ya lo hacía antes.
Para mi desgracia me enamoro de alguien serio que sí desearía una relación estable, pero que no confía en mí. Nos conocemos hace tres años y sabe muy bien como soy, por lo que teme darme una oportunidad.
El ser humano somos la criatura mas estúpida del universo. Nos hacemos daño sin motivo, desconfiamos y buscamos problemas donde no los hay. Vivimos obviando lo más sencillo y buscamos las respuestas mas retorcidas a lo que nos rodea.
Yo me he preocupado tanto de tantas cosas absurdas, que he dejado pasar el tiempo, como si la vida no tuviera fin, me he reido de los avisos del destino, me burlé del amor pasajero, y ahora que deseo de verdad una vida tranquila, con una pareja estable, para siempre y un hogar completo con mis hijos, descubro que recojo lo que sembré, y al tener entre mis manos los frutos, compruebo que están podridos.
Hay que vivir la vida, día a día, minuto a minuto, pero también hay que saborearla y dedicar unos instantes para decidir si el futuro que preparamos es el que realmente deseamos.
Hoy es hoy, pero cuando pasa el tiempo, es un ayer que puede resultar muy oscuro y triste.
Valoremos lo que tenemos y agarrémonos fuertemente a todo aquello que es bueno, a esas personas que están siempre a nuestro lado y a las que no valoramos lo suficiente, a las que nos rodean y a las que nos ignoran, porque de cada una de ellas podemos obeter un pequeño grano de arena que nos ayudará a edificar el castillo del futuro, ese que nadie está preparado para levantar.

sábado, 6 de octubre de 2007

Cada mañana, al levantarme, mi primer pensamiento es escribir. A lo largo del día, observo y absorbo todo lo que me llega de la realidad cotidiana. Busco en cada instante del día cualquier pequeño detalle que mi alma pueda captar, para soñar, para volar, para vivir intensamente la cruel realidad que, con frecuencia, se presenta ante mis ojos.

La vida no es fácil, ni cómoda, ni hermosa, ni sencilla, ni si quiera es vida si nosotros no somos capaces de moldearla hasta que nos satisfaga, al menos una pequeña porción de la misma. La realidad es cruel, pero con un poco de imaginación podemos convertir cualquier pequeño detalle en un gran acontecimiento.

Mi madre decía que "la cabeza es la loca de la casa", y es algo que siempre tengo en cuenta cuando me enfrento a una situación que puede resultar desagradable. Trato de permanecer en silencio, "aguantar el tirón", y buscar una salida, normalmente la más cómoda; pero mientras se desarrolla la situación, las personas que la han provocado se alteran, y ésto provoca su desconcierto y una mayor alteración. Yo continúo en silencio y como mucho opto por responder "sí" o "no". Mi cabeza está cuerda en los instantes críticos de mi vida, y salgo adelante manteniendo una actitud, normalmente, pausada y tranquila. El problema viene después, cuando, ya en soledad, autoanalizo lo ocurrido. Ahora es cuando mi cabeza comienza a gritar: ¿qué pensarán de mi?, ¿habré hecho lo correcto?, ¿estarán hablando ahora de lo que ha pasado?, ¿me criticarán?. Y aquí es cuando mi madre me recordaba su frase y entonces comprendía que, casi con certeza, en esos momentos ni si quiera se acordaban de mí, y que si ésto ocurriera sería un halago para mi persona, pues no hay nada peor para un ser humano que la indiferencia que le muestran los demás.

Mi cabeza es posible que sea la mas loca de la casa, pero lo que tengo muy claro es que soy escritora, aunque se burlen de mí, quiero vivir en paz, pero sobre todo conmigo misma, quiero que mis hijos me respeten y que mi mamá, que ahora está en el cielo, lo haga también. El resto del mundo puede hacer lo que quiera, porque lo que gira a mi alrededor y lo que me mueve es lo que yo quiero, el resto me puede adelantar cuando quiera, que yo siempre dejo paso libre.

A. C. Marser