La soledad es una palabra que me produce terror. Es algo a lo que temo desde siempre, porque no deseo envejecer sola. Ahora me planteo si el camino que he tomado a lo largo de mi vida no me estará llevando a este final.
Siempre he vivido marcando mi propio ritmo, nunca he deseado una pareja estable, y el máximo tiempo que he permanecido con alguien ha sido 9 años. No podía soportar la idea de compartir mi vida con alguien para siempre, pues me parecía aburrido y no presentaba aliciente alguno para mí. Ahora, en cambio, con el paso de los años, siento que ha llegado el momento de "sentar la cabeza".
Es fácil decirlo, pero se me plantea un problema de inmensas proporciones, ahora no sólo me he vuelto mas exigente, sino que me he acostumbrado a vivir sin compartir con una pareja todo lo bueno y lo malo que una relación conlleva.
Para colmo, aparece en mi vida la persona con la que he soñado siempre, me enamoro y descubro que mi fama me precede.
Soy una persona alocada, luchadora, independiente y que tiene fobia a los compromisos. ¿Quien se atreve ahora a intentar comenzar una relación conmigo?. Solo aquellos que quieren divertirse como ya lo hacía antes.
Para mi desgracia me enamoro de alguien serio que sí desearía una relación estable, pero que no confía en mí. Nos conocemos hace tres años y sabe muy bien como soy, por lo que teme darme una oportunidad.
El ser humano somos la criatura mas estúpida del universo. Nos hacemos daño sin motivo, desconfiamos y buscamos problemas donde no los hay. Vivimos obviando lo más sencillo y buscamos las respuestas mas retorcidas a lo que nos rodea.
Yo me he preocupado tanto de tantas cosas absurdas, que he dejado pasar el tiempo, como si la vida no tuviera fin, me he reido de los avisos del destino, me burlé del amor pasajero, y ahora que deseo de verdad una vida tranquila, con una pareja estable, para siempre y un hogar completo con mis hijos, descubro que recojo lo que sembré, y al tener entre mis manos los frutos, compruebo que están podridos.
Hay que vivir la vida, día a día, minuto a minuto, pero también hay que saborearla y dedicar unos instantes para decidir si el futuro que preparamos es el que realmente deseamos.
Hoy es hoy, pero cuando pasa el tiempo, es un ayer que puede resultar muy oscuro y triste.
Valoremos lo que tenemos y agarrémonos fuertemente a todo aquello que es bueno, a esas personas que están siempre a nuestro lado y a las que no valoramos lo suficiente, a las que nos rodean y a las que nos ignoran, porque de cada una de ellas podemos obeter un pequeño grano de arena que nos ayudará a edificar el castillo del futuro, ese que nadie está preparado para levantar.
lunes, 8 de octubre de 2007
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